La obsolescencia programada es un término bastante polemizado que se refiere a la durabilidad o el tiempo de vida útil de un producto establecido de antemano por un fabricante para garantizarse que, después de que el producto cumpla un determinado tiempo, será inútil y un comprador estará en la necesidad de adquirir uno nuevo,
Este término no solo se refiere a algo tangible, algo físico, sino también al trabajo que hacen las empresas en generar una necesidad irreal en los consumidores de renovar sus productos solo para aumentar la frecuencia de adquisición aún y cuando el producto actual se encuentre en perfectas condiciones.
El hecho de preestablecer el tiempo en el que un artefacto dejará de ser funcional, aún y cuando los diseñadores y creadores de ellos podrían hacer perfectamente que sean más duraderos, es algo que trae mucha polémica desde muchos puntos de vista.
Por una parte, es una forma bastante mal intencionada de asegurarse la reinversión de los compradores en cosas que o bien no necesitan, o que podrían tenerlas durante mucho más tiempo sin que falle.
Esto se ve claramente, por ejemplo, en equipos como impresoras, que después de cierto número de impresiones, un chip se encarga de bloquear la máquina de modo que deje de funcionar, aun estando en condiciones en las que podría continuar funcionando.
Se ve también, en la polémica del cartel Phoebius, que derivó en la disminución del tiempo de vida de los bombillos de 2500 horas a sólo 1000.
Es fácil entender cómo puede verse la obsolescencia programada como algo positivo, cuando un país está en crisis o depresión económica y necesita movilizar los mercados, ya que es la solución más simple.
Además, siendo sincero, la versión psicológica del asunto me parece más importante y mejor pensada. Es decir, el hecho de que una marca cree la necesidad de que tengas siempre lo más nuevo y lo mejor, sobre conservar un producto que funciona pero no es el último modelo, es bastante fuerte y en el mundo actual funciona a la perfección.
Ahora, el aspecto más criticable y lamentable a mi parecer, es el efecto medioambiental que trae la implicación de esta forma de funcionamiento en el mundo, y como comenté hace un par de posts, en los países del tercer mundo. Es preocupante ver cómo viven y sobreviven personas en muchos países como Ghana o China, a un nivel tan apocalíptico que recuerda a la película District 9 de Peter Jackson.
Debido a que la obsolescencia programada tiene como objetivo el lucro económico inmediato, es poco lo que se piensa en los efectos secundarios. Aplicar una política de hacer productos menos durables, o que el reemplazo siempre sea más viable que la reparación para el consumidor, genera una sobreproducción gigantesca de basura y contaminación. Un daño al mundo y a los seres vivientes enormes.
Es absurda, por ejemplo, la cantidad de e-Waste que hay en países como Ghana, China o India, generadas por empresas que hablan de ser vanguardistas e innovadoras pero no tienen políticas modernas en este sentido.
Por supuesto, la cantidad de radicales que hay en ambos lados es enorme. Un lado es la de gente de poder que piensa en su beneficio económico sin prestar atención o sin dar importancia en el daño que ocasionan, y otros de ambientalistas y ecoterroristas que tienen ideas muy hippies y bonitas pero poco realistas.
Actualmente el poder del primer grupo que menciono es mucho mayor que la del segundo grupo. Y por aplicar una técnica fácil y que ya funciona, tienen ventaja con respecto a los otros.
¿Pero cuál es la solución ideal? Muchos nuevos empresarios y empresas están cambiando su mentalidad sobre el funcionamiento actual, pensando en nuevos modelos de producción que, en teoría, deben tener una forma de vida coherente con el planeta en el que vivimos.
Lo que se trata de dar a entender es que no se puede tener una producción ilimitada en un planeta de recursos finitos. Y que la naturaleza no genera desechos, sino nutrientes. Todo lo que un cuerpo pierde o desecha, se convierte en nutrientes que aprovecha otro ente. Y es lo que quiere reflejarse en los negocios.
Entonces, este objetivo al que se quiere llegar, tiene como base de nuevo el aumento en los tiempos de vida de los productos, la durabilidad. Esto sin mermar en los beneficios económicos de las fábricas y empresas y pensando, desde el comienzo de la producción, en el proceso de desecho de los productos.
Es algo que también puede sonar muy romántico y poco realista, pero además de ser necesario para el bienestar de muchos países, sociedades y del planeta en general, es algo que se está viendo cada vez más en las filosofías de empresas grandes.
En el documental que dejo abajo, llamado Comprar, Tirar, Comprar, pueden ver ejemplos muy interesantes, como el de la empresa Philips, que trabaja en bombillos que pueden durar 25 años, por ejemplo.
Lo importante es siempre que en este mundo haya un balance. No podemos caer en ninguno de los polos, entendiendo que las empresas necesitan producir y ganar dinero, necesitan vender y necesitan que consumamos, pero también que hay que tener ciertas consideraciones con otros seres humanos, sociedades y el medioambiente para no perjudicar indiscriminadamente a los demás.
Al principio de este documental, estaba muy excéptico y lo consideraba hasta ridículo y romántico, pero luego, al ver que sí hay posibilidades reales y coherentes, que a pesar de que no sean lo más fácil, me hicieron cambiar un poco mi mentalidad.
¿Tú qué crees?¿Se puede cambiar la sociedad y el mundo de consumo actual?¿Es bueno ser consumistas y estar siempre en lo último de la tecnología y la moda?¿Hay soluciones reales y realistas o el mundo en que vivimos a estas alturas ya es imposible de cambiar?
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